Crítica Literaria: Todos somos Manuel Gutiérrez


El libro plantea la gran incongruencia que padece Chile, en donde recurrentemente se busca silenciar los hechos para evitar asumir las responsabilidades consecuentes. Un país en el cual no hay costumbre de investigar y profundizar, donde es más fácil evitar la verdad, para no molestar.


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Por Diego Ramírez. Bibliotecario en la Biblioteca Libre



Tania Tamayo es periodista, guionista y escritora. En 2012 publicó el libro Caso Bombas, la explosión de la Fiscalía Sur, un libro de investigación periodística sobre el bullado caso que salpicó y dejó mal parados a muchos: gobierno, fiscales y medios de comunicación.

En su nuevo libro Todos somos Manuel Gutiérrez, vuelve a retratar una situación de injusticia y desamparo que (como su título sugiere) a gran parte del chileno común le podría ocurrir. En este libro narra la historia de Manuel Gutiérrez, estudiante secundario que falleció en la noche del 25 de agosto de 2011 en la villa Jaime Eyzaguirre (Macul), mientras observaba las protestas convocadas por la CUT en el marco del movimiento estudiantil que sacudió el país durante ese año. Su muerte se produjo por los disparos que el sargento segundo de Carabineros Miguel Millacura efectuó con una subametralladora UZI hacia una pasarela donde transitaba gente.

En un relato que combina crónica periodística con narrativa, la autora no solo recrea el entorno y los sucesos que envuelven la muerte de Manuel, sino que se adentra en la cruda historia de una familia pobladora, llena de dolor y abusos, muy religiosa y conservadora, que sufre las embestidas de la iglesia y políticos para su propio provecho ante el crimen acontecido.

Sin perder el foco en la historia más íntima, el libro plantea la gran incongruencia que padece Chile, en donde recurrentemente se busca silenciar los hechos para evitar asumir las responsabilidades consecuentes. Un país en el cual no hay costumbre de investigar y profundizar, donde es más fácil evitar la verdad, para no molestar.

Lo más triste es que Manuel Gutiérrez no es un caso aislado y de eso toma nota la autora, refiriendo lo que pasó con otros jóvenes chilenos, comunes y corrientes, también de población, que murieron sin saber nadie por qué: Fredy Morales en la misma villa y Paula Lagos en la villa Santa Teresa. Casos que, aunque duela admitirlo, a nadie les importó. Porque hoy en día, algunas muertes siguen teniendo más valor que otras.


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