Reseña Literaria: Big Bang, el blog de la verdad extraordinaria



Esto es, técnicamente, un blog. Es un lugar donde compartimos ideas y recibimos reacciones y comentarios de los usuarios, en el formato web log, algo así como una bitácora en línea. Aunque claramente van en retirada, frente a la evidente popularidad de plataformas que privilegian el contenido audiovisual, aún quedamos ciertos románticos que vivimos el auge y caída de los blogs y foros, cuyas reminiscencias se evidencian en nuestro afán de escribir, comentar y leer en pantalla, en detrimento de nuestros ojos que han aguantado y resistido por mucho tiempo.

Presentado como un libro-blog, esta novela recoge los textos y comentarios de un blog dedicado a los nietos de un abuelo que escribe sobre divulgación científica, en particular la astrofísica, deteniéndose en los temas del Big-Bang, las teorías de Einstein sobre la relatividad, los viajes a la luna, los recortes presupuestarios a la NASA, y otros temas fascinantes, pero los aborda citando una noticia online, con un link directo (había varios enlaces rotos, pero así es Internet, un sistema caótico, ¿o caosmósico?), para luego comentarlos y abrir el diálogo con sus visitantes, algunos bien pedantes que le exasperan, tal cual ocurre en la realidad. Esto también pone la nota humorística en el libro, donde, por ejemplo, comenta una usuaria llamada Lali Lalibretilla, a propósito del debate sobre la posibilidad de la existencia de vida en Marte, cito:

“Es muy sospechoso que Miss Universo siempre lo gane alguien de la Tierra”

Al igual que en las redes sociales, uno se pregunta si acaso era o no un comentario irónico, ya que los trolls de internet son una raza persistente.

Como buenos millennials, los bloggers somos nostálgicos de una era que vino y se fue muy rápido. Esto es, precisamente y a mi parecer, la debilidad de este libro, ya que, si bien parece estar dirigido al público middle-grade (10-13 años), su formato resulta obsoleto para este segmento, pero esto es sólo una suposición, ya que si uno gusta de leer, sobre todo este tipo de libros, se encontrará con gratas sorpresas en forma de curiosidades: por ejemplo, en plena carrera espacial, la URSS ya había logrado enviar a la famosa perrita Laika al espacio, lamentablemente, sin planear su retorno, y también había logrado la hazaña de enviar el primer ser humano en la misma misión, el proletario y piloto Yuri Gagarin. Su contraparte, la NASA, contaba con dos proyectos para superar a la URSS: el primero era poner en órbita terrestre una estación espacial, y el segundo era poner al ser humano en la luna. Por tema de costos, sólo la segunda opción fue aprobada por John F. Kennedy, en aquel entonces presidente de EE.UU., el resto es historia conocida. Bajo esta misma premisa, descubrí gracias al libro que los soviéticos acuñaron el término cosmonauta, mientras que los norteamericanos prefirieron llamar a los propios como astronautas. Incluso en el ámbito del lenguaje, esta disputa fue ampliamente observada y difundida en todo el mundo, repercutiendo hasta nuestros días.

Éste y varios otros debates desfilan en el blog que documenta el abuelo, con un epílogo de lo más tierno, entrelazando personajes de primer y segundo orden, sorprendiéndonos con la revelación de sus verdaderas identidades.

Este libro es un trabajo cooperativo entre un padre científico, divulgador, y abuelo también, y su hija, que también es periodista y novelista. Luis Ruiz de Gopegui, según indica brevemente una de las solapas, vivió en directo el alunizaje del Apollo II (el que llevó a la tripulación norteamericana a la superficie lunar en 1969), por eso le irritan las teorías que ponen en duda este acontecimiento. Por su parte, Belén Gopegui ha incursionado también como guionista y dramaturga, y tiene otros trabajos en colaboración con su padre (e inspirada por su madre), cabe destacar Ella pisó la luna, que recoge su conferencia en el foro Ni ellos genios ni ellas musas, reivindicando la visibilidad femenina en los campos del saber, eclipsado muchas veces por las voces masculinas.

Las ilustraciones, incluyendo la de cubierta y los avatares de los usuarios, fueron creadas por Ricardo Polo, famoso por sus dibujos vectoriales.


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Por Camila Bañarez. Inspiradora de lectores en la Biblioteca Libre.