Reseña Literaria: La niña que salvó los libros



Me gusta recordar, a través de los libros para niños, imágenes de mi propia infancia. Así como la protagonista de este libro, la pequeña Anna, yo era muy cercana a la bibliotecaria de mi colegio, la señora Adela, a quien recuerdo con mucho cariño.

Anna, a quien le encanta leer, se lo pasa metida en la biblioteca después del colegio, donde trabaja la señora Monsen, la bibliotecaria, muy amable y cordial, y Milton Berg, encargado del archivo, un lugar subterráneo donde se destruyen los libros que ya nadie pide, por orden del director de la biblioteca, pero Milton no realiza esta labor por gusto, sino por necesidad, pues él, al igual que Anna y la señora Monsen, ama los libros.

Así, Anna, embargada por sentimientos de piedad, decide salvar los libros con la ayuda de su querida señora Monsen, y también de un autor desconocido, cuya identidad revelada será el desenlace que permite a Anna reflexionar sobre sus propios temores y crecer como persona, ayudando de paso a quienes le rodean, incluyendo a los libros olvidados.

Al estilo de un cuento clásico, esta historia está llena de amor por los libros, no sólo por su condición de objeto de valor intrínseco, como el trabajo que implica crearlos, en su contenido y su soporte físico, el cual es, como todas las cosas, finito. También el libro tiene un valor en cuanto a su uso, pues un libro olvidado en una estantería, juntando polvo, o adornando con su lomo un salón, ha perdido, en cierta manera, su razón de ser primaria, que era la de ser leído, en lo posible, todas las veces que se pueda, y es uno de los principios por los que La Biblioteca Libre aboga.

En la jerga de conservación, dicen, citando al gran Paul Valéry:

“Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre
el fuego, la humedad, los animales,
el tiempo y su propio contenido”

Esto no quiere decir que los animales en sí sean nuestros enemigos, sino que, aduciendo al sentido común, un cachorro podría morder y destruir, o un ratón podría bien alimentarse de las tiernas hojas de un volumen antiguo, o un gato orinar y dejar imposible de disfrutar un libro bello pero maloliente.

Lo tierno y memorable de esta historia de La niña que salvó los libros, es que nos enseña que esta cooperación es mutua, que los libros han de ser salvados, pues también ellos, en más de una ocasión, también nos han salvado o nos podrían salvar a nosotros.

El autor, Klaus Hagerup, es un escritor y dramaturgo noruego muy querido en su país. Otro de sus libros, escrito en conjunto con Jostein Gaarder (El mundo de Sofía), es La biblioteca mágica de Bibbi Bokken, que también es una novela para niños, y trata sobre las aventuras en torno a un libro muy misterioso que aún no ha sido publicado pero que existe en una biblioteca desconocida que los protagonistas ansían hallar.

Las ilustraciones del libro, realizadas por la noruega Lisa Aisato, llaman enseguida la atención desde la portada del libro, con una imagen de Anna iluminada por un libro y las figuras, en forma de volutas, que salen de él, en destellos dorados que contrastan con el tono gris azulado de los libros del fondo y en los que ella está sentada, más el hermoso detalle en relieve en una marquesina azul que rodea la imagen. Las ilustraciones del interior, con detalles exquisitos y una muy necesaria traducción en cada título y letrero, facilitan la lectura de un cuento que a ratos se complejiza por las propias reflexiones de Anna y sus afanes bibliófilos. Cabe destacar los trabajos ilustrados en las guardas, donde los lectores podrán encontrarse con una pequeña sorpresa al final. Pueden encontrar a la talentosa Lisa Aisato en Instagram como @lisaaisato

También les dejamos el booktrailer de este precioso libro álbum ilustrado.





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Por Camila Bañarez. Inspiradora de lectores en la Biblioteca Libre.